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En el mundo de los negocios, habitualmente, se hace mucho énfasis en planificar, hacer listas de tareas que debemos realizar, y en darles un lugar en nuestra agenda. ¿Te suena conocida esta situación? Probablemente sí. Y justamente esa palabra, “sí”, ocupa un lugar de privilegio en nuestras mentes, por muchos motivos que exceden el análisis que vamos a realizar aquí. Pero, en la vida, todo es una cuestión de equilibrio; por lo tanto, “no” es un concepto que también debemos aprender a usar. ¿Te cuesta decir «no»? Después de leer este post, mi objetivo es que no te cueste tanto.

Desde que somos muy chicos, más allá de la educación que nos haya dado nuestra familia, la sociedad nos educa para otorgarle al “sí” una connotación positiva. Esto ocurre porque, como vimos en nuestro posteo acerca de los motivos que tornan fundamental descubrir las razones de por qué emprendemos ciertas tareas, llevamos inscrita en nuestros genes la memoria de que pertenecer a una comunidad es algo imprescindible para nuestra supervivencia.

Y así es como, aunque hayamos evolucionado de una manera exponencial con respecto a aquella época donde ser parte de un grupo era esencial para sobrevivir, podríamos decir que, a nivel subconsciente, por lo general, buscamos complacer a los demás para sentirnos miembros de un colectivo que nos confiere seguridad. Por otro lado, en la era digital, nos encontramos además con el concepto de FOMO (acrónimo de fear of missing out, que podríamos traducir como ”temor a perderse algo”).

Es por eso que mucha gente tiene dificultades para decir «no» por miedo a perder una oportunidad o ser rechazados por una persona o una determinada comunidad social. Sin embargo, hoy como ayer, el día sigue teniendo 24 horas, el tiempo es nuestro activo más importante —e irrecuperable—, y creo que todos sabemos que nuestra calidad de vida depende de las decisiones que tomamos a cada instante.

En consecuencia, el propósito de este texto es recordarnos (tanto a mí como a mis lectores) que somos responsables de nuestras vidas, y que —aunque existan factores que por supuesto escapan a nuestro control— alcanzar nuestros objetivos está principalmente en nuestras manos si sabemos definir nuestras prioridades. Porque, así como el tiempo del que disponemos es limitado, nuestra energía también lo es.

Tips Para que Decir “No” sea Más Fácil

¿Mirar una serie en Netflix sería más entretenido que escribir estas palabras? Quizá, pero sé que compartir esta reflexión con mis lectores contribuye a mi objetivo de poner mi granito de arena para que, en conjunto, construyamos un mundo donde cada persona pueda alcanzar su máximo potencial. Para lograrlo, les propongo que (si aún no lo hicieron) definan qué les gustaría lograr este año, en cada aspecto de sus vidas.

Y, a continuación, además de hacer la lista de tareas necesarias para alcanzar esas metas, les sugiero que escriban un listado de aquellas actividades a las que saben que es imprescindible decirles “no” para cumplir sus sueños, sean cuales fueran. Cuando se vean tentados a decir “sí” frente a una petición que, en el fondo, saben que nada tiene que ver con sus prioridades, relean ambas listas. Les aseguro que, aunque les cueste, decir que no será mucho más sencillo.

También les puedo asegurar que aquellas personas que los quieren de verdad sabrán comprender y respetar ese “no”. Esto es algo que mucha gente que ha alcanzado el éxito en sus respectivas áreas de desempeño tiene muy claro. Su respuesta predeterminada es simplemente «no», y solo dicen que sí a aquellas actividades que saben que les aportarán valor a sus vidas. En otras palabras, evalúan cuidadosamente cada oportunidad y protegen su tiempo y energía, de modo tal de enfocarse en lo que es importante para ellos.

Los deportistas profesionales son un ejemplo perfecto de esto: saben que la competencia es mucha y que, si no se enfocan en ser número uno en lo que hacen, es probable que no lo logren. Es cierto que podemos tener un don o talento innato para realizar una actividad específica; no obstante, numerosas evidencias demuestran que individuos menos dotados, pero muy disciplinados y conscientes de sus prioridades, pueden superar a colegas más talentosos, pero carentes de la habilidad para decir “no” a aquello que los aleja de sus metas.

Dan Ariely, especialista en economía conductual (autor de una de las obras que podés encontrar en el post sobre los 10 mejores libros de marketing) señala que una de las cosas que más nos cuestan es rechazar la gratificación inmediata para, en lugar de ello, apostar a la satisfacción a largo plazo. Y que la paradoja allí es que lo que más felices nos hará, en la mayoría de los casos, es retardar la gratificación.

¿Cómo lograrlo? Al igual que los marineros en la Odisea, deberíamos taparnos los oídos, o como Ulises atarnos a un mástil si es necesario (simbólicamente, claro), frente a los cantos de sirenas que intentan distraernos de aquello que en verdad es importante para nosotros.

Así que, la próxima vez que te encuentres en una situación en la que tengas que decidir si responder «sí» o «no», preguntate si decir que sí te ayudará a avanzar hacia tus metas. Si no es así, no tengas miedo de decir «no» de manera amable y asertiva, sin dar lugar a que la otra persona intente convencerte de acuerdo con sus intereses, y centrate en regresar a lo que es importante para vos.

Tal como dijo Fer Miralles una vez en en un podcast: «esto es un juego de renunciar, no de decir que sí». Esta perspectiva nos invita a reflexionar sobre la importancia de las renuncias conscientes. Cada «no» que decimos a algo que no alinea con nuestros valores y objetivos es, en realidad, un «sí» a nuestras prioridades, a nuestro tiempo y a nuestro crecimiento personal. Vas a ver que, a medida que lo vayas haciendo, te resultará cada vez más fácil y, además, serás cada vez más consciente de la gran importancia de ponerlo en práctica. 💪

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