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Existe una frase muy trillada que sostiene que “el tiempo es dinero”. Pero, más allá de que la relación entre ambos elementos, a menudo, caiga en varios clichés, lo cierto es que se trata de conceptos que tienen muchas similitudes entre sí.

Por ejemplo, a veces, cuando creemos que estamos ahorrando dinero, en realidad lo estamos gastando (o, peor aún, malgastando). Para ilustrar este punto con una situación muy clara, a todos nos ha pasado dejarnos seducir por un precio que de tan barato era irresistible… para comprar algo que, en verdad, no necesitábamos. Y, aunque no resulte tan evidente, muchas veces nos ocurre exactamente lo mismo con el tiempo.

Por eso, en este texto, les quiero proponer un momento de reflexión acerca del uso de nuestro tiempo. Y a hacer el ejercicio de preguntarnos si realmente lo estamos invirtiendo o, simplemente, estamos racionalizando elecciones que, en definitiva, nos llevan a perderlo.

Tecnología: ¿una Aliada para Invertir Mejor Nuestro Tiempo?

Vamos a añadir otra frase que, de tan repetida, casi podemos decir que se ha convertido en un axioma en nuestra sociedad: la tecnología nos ayuda a ahorrar tiempo. Objetivamente, es muy difícil discutirlo: hasta no hace tanto, la comunicación no era instantánea como —gracias a internet, entre otros desarrollos— lo es ahora. Y el avance de muchas tareas, que antes dependía de un desplazamiento físico, hoy se puede resolver a distancia.

Pero deseo que miremos un poco más de allá de esa innegable ventaja de nuestra sociedad contemporánea y aceptemos que la tecnología puede, también, conducirnos a caer en autoengaños. Que podamos hacer algo más rápido que en otras épocas no quiere decir que aquello en lo que estamos ahorrando tiempo sea algo significativo para nuestra vida profesional o personal.

Por ejemplo, búsquedas de información que antes insumían horas y horas de consulta presencial en bibliotecas, hoy, Google mediante, pueden llevar solo unos minutos. Pero, justamente porque se debía invertir una considerable cantidad de tiempo y esfuerzo en esas visitas a una biblioteca, estas solían responder a la necesidad de concluir proyectos que nos iban a ofrecer un retorno valioso sobre esa inversión.

Hoy, el hecho de que tengamos tanta información disponible a solo un clic de distancia es una posibilidad que, si no manejamos de una manera estratégica y enfocada, puede conducirnos a un agujero negro de dispersión y de uso ineficaz del tiempo. Esto ocurre porque una cosa nos va llevando a otra y, casi sin darnos cuenta, podemos pasar horas consumiendo información que creemos “valiosa”. Pero que, en verdad, tiene el alto costo de hacernos perder la oportunidad de dedicar ese mismo tiempo a acciones que pueden darnos un retorno mucho mayor.

La Paradoja del Tiempo en la Era Digital

Haciendo un análisis más profundo de lo que vimos hasta aquí, en esta era digital, nuestra relación con el tiempo ha experimentado una transformación sin precedentes. La tecnología, que prometía liberarnos de las ataduras del tiempo al hacer nuestras tareas más eficientes, como efecto paralelo ha logrado alterar profundamente nuestra percepción temporal.

La instantaneidad de la comunicación digital y el acceso a la información en tiempo real han creado una expectativa de disponibilidad y respuesta continua. Este fenómeno ha desdibujado las fronteras entre el trabajo y la vida personal, entre los momentos de actividad y de descanso. Nos encontramos constantemente conectados, respondiendo a una incesante corriente de estímulos que demandan nuestra atención inmediata. En este contexto, el tiempo parece acelerarse, los días se sienten más cortos y, paradójicamente, a pesar de disponer de herramientas que ahorran tiempo, nos sentimos con menos tiempo libre que nunca.

La omnipresencia de dispositivos digitales también ha transformado nuestra experiencia del ocio. Las plataformas de streaming, las redes sociales y los videojuegos cada vez más inmersivos nos ofrecen un entretenimiento ilimitado que, si bien es gratificante, nos plantea un dilema casi existencial: ¿estamos realmente disfrutando nuestro tiempo libre o simplemente lo estamos llenando con actividades diseñadas para capturar nuestra atención lo máximo posible?

En otras palabras: ¿realmente estamos ahorrando tiempo, o lo que ocurre es que estamos siendo más eficientes, pero en cosas que realmente no le aportan gran valor a nuestra vida? Por supuesto, no existe una única respuesta; y llegar a ella es un ejercicio muy personal que requiere una honestidad brutal. En todo caso, esa respuesta dependerá de cómo cada uno de nosotros elija interactuar con la tecnología y gestionar su tiempo.

El “Síndrome del Objeto Brillante”

El «Síndrome del Objeto Brillante» o SOS —en inglés Shiny Object Syndrome— hace referencia a esa tendencia tan humana, tanto en individuos como en empresas, de dejarse seducir constantemente por nuevas ideas o estímulos. Esta fascinación por lo novedoso puede llevarnos a perder el foco, obstaculizando el logro de nuestras metas y dejándonos a la deriva en un mar de indecisión.

En el ámbito empresarial, esto se traduce en una carrera frenética detrás de cada nueva meta, poniendo en riesgo proyectos en curso. Al ser consultor de marketing digital, e involucrarme activamente en la mejora de la performance de aquellos negocios con los que trabajo, sé perfectamente que esta situación es más común de lo que parece, y que representa una gran trampa que, en lugar de hacernos avanzar una casilla, nos suele hacer retroceder tres.

Por eso, invertir el tiempo sabia y estratégicamente también demanda que seamos capaces de pulir nuestra capacidad de decir “no”, incluso a opciones que —al menos en apariencia— sean deslumbrantes. Según el empresario Alex Hormozi (y también según lo que podemos observar por nosotros mismos), cuanto más éxito tengamos en conquistar objetivos, más opciones de cómo “invertir” nuestro tiempo aparecerán en el camino. Y muchas de ellas, tras una fachada muy seductora, lo único que harán es desviarnos de nuestras verdaderas metas.

Mayor Inversión de Tiempo, ¿Mejores Resultados?

Otro aspecto a evaluar en esta reflexión acerca del uso del tiempo es que tendemos a considerar que, cuanto más tiempo invertimos en algo, más provecho sacaremos de esa inversión, lo que puede resultar una percepción falaz. A veces, solo por inercia, o por el sesgo cognitivo conocido como el fenómeno del coste hundido, dedicamos horas y horas a tareas que forman parte de lo que consideramos nuestra identidad profesional (o personal). Pero, en el fondo, sabemos que si diéramos un golpe de timón e invirtiéramos ese tiempo en otras acciones, el retorno de la inversión podría ser mucho mayor.

Aquí confluye otro sesgo cognitivo, que es el de la aversión al riesgo. El temor del ser humano de perder algo que ya ha obtenido suele ser mayor a la voluntad de atravesar la etapa de incertidumbre que le permitiría conquistar un bien mayor. No voy a decir que no existan ciertos riesgos cuando decidimos elegir ese camino, pero a veces nos convencemos de que no hacemos algo por prudencia cuando, en verdad, no lo hacemos por comodidad y por el apego a lo conocido.

Conclusión

El buen uso del tiempo requiere de un ejercicio de autoobservación constante. Es por eso por lo que, antes de concluir, te invito a una pausa reflexiva. Dedicá un momento a considerar cómo estás invirtiendo tu tiempo. ¿Están tus actividades diarias alineadas con tus objetivos a largo plazo? ¿Te encontrás, más de lo que te gustaría, persiguiendo nuevas distracciones en lugar de profundizar en tus verdaderas pasiones? La respuesta a estas preguntas puede ser el primer paso hacia un cambio enriquecedor.

Si bien mi propósito en este texto no es darte consejos, sino simplemente invitarte a la reflexión, te propongo adoptar estrategias prácticas para navegar mejor en este mar de constantes estímulos. En mi opinión, esas estrategias se reducen a tres principales:

  • priorizá tus actividades con claridad,
  • aprendé a decir «no» a lo que no te acerca a tus metas,
  • y cultivá un enfoque consciente y estratégico en la elección de cómo emplear cada precioso minuto de tu tiempo.

Finalmente, recordá que cada segundo que pasa es una oportunidad para crear, aprender y vivir plenamente. Nuestro tiempo es el recurso más valioso —y limitado— que poseemos. Espero que este artículo sea un punto de partida para una vida donde cada instante cuente, no solo en la acumulación de experiencias, sino en lo que se refiere a su calidad y profundidad. Y, en el ámbito de los negocios, el equipo de Wilko Marketing puede ser el compañero ideal en tu camino hacia una utilización más inteligente y estratégica de tu tiempo. Te invitamos a conocer nuestro servicio de consultoría para empezar a hacer que cada segundo invertido en tu emprendimiento cuente. 💪

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