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Lo complicado es muy complicado, por eso en cada proyecto que me involucro hago siempre lo siguiente: comienzo enamorándome del problema, luego me enfoco en la solución.

La razón por la que te digo esto es porque lo complicado es demasiado complicado como para uno querer complicarse. Incluso esta oración ya suena complicada. Si realmente entendés el problema, tenés gran parte del partido ganado. Así que simplemente te recomiendo primero enamorarte del problema, obsesionate con él, y después concentrate en la solución. Como dijo Einstein: «Si tuviera una hora para salvar al mundo, dedicaría 55 minutos a definir bien el problema y cinco minutos a buscar soluciones». Y también esta frase aún mejor (o no, pero igual de buena): “No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”.

Enamorate del problema y concentrate

Lograr concentrarse puede resultarnos un problema, y quizás terminemos no haciendo lo que realmente debíamos hacer. También puede sucedernos que nuestras mentes nos engañen y nos hagan pensar que lo que queremos hacer es lo debemos hacer. Otras veces podemos estar partiendo de suposiciones falsas y en pensamientos llenos de prejuicios. En cambio, no hay que darle más vueltas al asunto, lo que tenemos que hacer es entender el problema a fondo, exprimirlo hasta que nos salgan callos en el cerebro. Simplemente tenemos que enamorarnos del problema. Comenzá con eso, ¡haceme caso!

Estar atentos a las señales

Mientras nos encontramos en ese proceso de enamoramiento, es importante estar muy atentos a todas las señales. Por ejemplo, si uno sale a preguntarle a la gente si su producto o servicio le significa alguna solución o le aporta valor, podemos encontramos de primera con un NO rotundo como respuesta. Pero luego, estas mismas personas pueden agregarnos feedback de valor: «pero si tuviese tal y tal cosa, me resultaría muy útil, hasta estaría dispuesto a pagar por ello».
Esto significa que hay que estar muy atentos a todas las señales. Hasta de las conversaciones más superficiales y espontáneas pueden surgir conclusiones muy valiosas para nuestros proyectos.

Por otro lado, no nos olvidemos que suponer es fácil, es quedarnos con la respuesta rápida, es dar sentido a lo que no sabemos o entendemos. Preguntar y buscar respuestas requiere de mayor esfuerzo. De hecho, uno de los cuatro acuerdos que nos regala la cultura tolteca es justamente: “No hacer suposiciones” (¡y ellos sí que eran sabios!).

Hacer porque queremos hacer

No hagamos las cosas por capricho, accionemos porque tenemos pasión por lo que estamos haciendo. Por supuesto que las cosas pueden no salir como queremos, pero eso no quita que hayan cosas imprescindibles que debamos hacer para aumentar nuestras chances de éxito. Por ejemplo: ¡ENAMORARSE DEL PROBLEMA!

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