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A menudo, mis clientes me consultan acerca de la conveniencia de incorporar nuevas herramientas para la gestión de su negocio. Entiendo perfectamente que dichas herramientas ofrecen funciones muy tentadoras, y es lógico pensar que es una buena idea comenzar a usarlas. Sin embargo, no es lo mejor tomar ese tipo de decisiones a la ligera, sino que siempre es necesario poner en la balanza los pros y los contras que conlleva esa acción.

Las Nuevas Herramientas, ¿Un Camino Hacia la Mejora Continua?

Hay algo que, creo, nos es común a la mayoría de las personas: por más que nos esté yendo bien en un determinado aspecto, siempre pensamos que nos puede ir mejor. Y no hay nada de malo en eso, al contrario: es la fuerza que nos mueve a seguir progresando y a perfeccionar nuestra manera de hacer las cosas. En el ámbito de los negocios, esto se traduce en lograr que nuestros clientes se sientan cada vez más satisfechos con aquello que les ofrecemos. Y en que —a su vez— puedan crecer, gracias a nuestro aporte, en sus propios emprendimientos.

El problema radica en creer que ese objetivo está relacionado con la necesidad de incorporar cada aplicación o herramienta tecnológica que sale al mercado y que, por supuesto, se presenta como superadora de su competencia. Tal como comenté en otros posts, como por ejemplo el referido a estrategias de marketing digital, cada cambio que queramos implementar en nuestro negocio tiene un costo. No necesariamente económico, sino de energía y, sobre todo, de tiempo que —en definitiva— es el recurso más valioso con el que contamos, porque es aquel que no podemos recuperar.

Por lo tanto, cada vez que un cliente me plantea si no sería conveniente reemplazar una herramienta que utiliza por otra más nueva, o agregarla dentro del conjunto de las que ya usa, mi respuesta es que hay que analizar si los beneficios compensarán los costos. Si, por ejemplo, decidimos hacer un reemplazo, por intuitivo que sea el manejo de la nueva herramienta, eso nos enfrentará con nuevos aprendizajes y, eventualmente, nuevos obstáculos técnicos. Es decir, nos demandará tiempo de cualquier manera, aun en el mejor de los escenarios.

Por Qué lo Nuevo no Siempre es lo Mejor

Para responder a esto, vuelvo a mi planteo inicial. Hay una tendencia a creer que todo lo nuevo es mejor que aquello a lo que antecede. No niego que, en algunos aspectos, puede ser así. Tampoco estoy en contra de aprovechar todos los avances que nos ofrece la tecnología. Solo quiero dejar en claro que no debemos dejarnos encandilar por nuestra humana inclinación hacia la novedad. A veces, en el balance de los hechos, seguir utilizado los mismos recursos y, en todo caso, abocarnos a optimizar su uso, ofrece mejores resultados que lanzarnos de cabeza hacia la última novedad que promete (palabras más, palabras menos) ser la mejor cosa que le haya pasado a nuestro negocio.

Existe una frase que expresa que, así como en la fotografía, en la vida es importante hacer foco; y creo que esa idea es muy aplicable a la esfera de los negocios. Como en otras oportunidades, quiero hacer énfasis en que a veces desviamos el foco de lo que es verdaderamente importante para crear un negocio sólido y hacer que crezca, sin prisa pero sin pausa. Muchas veces, lo que un negocio realmente necesita es aprovechar mejor aquellos recursos de los que ya dispone, y no dispersarlos incorporando novedades que consumirán más de lo que nos darán.

Por eso, si estás pensando en incorporar a tu empresa o emprendimiento algún recurso novedoso que te parezca atractivo, te invito a que pienses si no podrías lograr lo mismo que buscás alcanzar mediante aquellas herramientas con las que ya contás. Quizás, haciendo algunos ajustes, descubras que aquello que estás buscando ya está a tu alcance. Solo es necesario detenerse un rato a reflexionar y hacer un análisis de la situación, y —de corresponder— tener la voluntad de realizar los cambios que sean necesarios.

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