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En el mundo del marketing —tanto en el del marketing digital como en el del offline— sabemos lo importante que es hacer análisis periódicos y estudiar qué es lo que funciona bien y en qué áreas debemos introducir cambios. Y, cuando llega el fin de un año, más allá de cuál sea nuestra ocupación, muchos hacemos ese mismo análisis, tanto en lo laboral como en lo personal.

Para hacer ese balance desde una nueva perspectiva, vamos a partir de “Las leyes de la naturaleza humana”, el último libro de Robert Greene, un autor que cuenta con una trayectoria laboral y académica multidisciplinaria.

Se trata de un libro extenso, que propone argumentos que no siempre son políticamente correctos, pero que cumplen la función que debería tener cualquier libro que leamos: invitarnos a reflexionar.

¿Cómo podemos definir a la naturaleza humana?

En pocas palabras, la premisa del texto de Greene es que todos tenemos un “lado oscuro”. Y que conocer el de los demás pero, sobre todo, identificar el nuestro, es el requisito fundamental para alcanzar nuestros objetivos. Y, también, para ser mejores personas porque, como indica el autor, solo podemos trabajar sobre aquellos problemas que logramos detectar.

Debemos considerar que nuestra energía es un recurso limitado, y que gran parte de ella se consume en nuestras interacciones sociales. Por lo tanto, ser capaces de observar con precisión lo que ocurre en ellas nos permite planificar mejor nuestro curso de acción. Y, así, generar relaciones perdurables y de beneficio mutuo, o bien saber cuándo alejarnos o cómo responder a actitudes negativas.

10 tips para usar a nuestro favor la naturaleza humana

A lo largo de un recorrido por lo que él define como las 18 leyes de la naturaleza humana, Greene nos da numerosos consejos para entendernos y entender mejor a los demás. Acá, vamos a sintetizar las 10 recomendaciones que nos parecen las principales:

  1. Conocerse bien a uno mismo. Cuanto mejor nos conozcamos, mejor podremos integrar nuestras “sombras” y nuestras “luces” de forma productiva y creativa, sin causar problemas ni a nosotros ni a otras personas. Asimismo, también podremos reconocer esos aspectos en los demás y no dejar que nos afecten.

  2. Aprender a tomar distancia de los problemas. Esto no quiere decir evadirlos, sino simplemente observarlos desde otra perspectiva. Por lo general, nos quedamos solo con lo que llama nuestra atención. Tenemos que atender al contexto y contemplar tanto el árbol como el bosque.
  3. Decirle “no” al exceso de información y tareas. Debemos tener muy claras nuestras prioridades y saber muy bien qué es importante para nosotros. Un cerebro saturado por un exceso de información no puede tomar decisiones estratégicas (o, al menos, corre un riesgo mucho mayor de equivocarse).
  4. Salir de nuestros propios pensamientos. A veces, estamos tan perdidos en nuestro diálogo (o monólogo) interno, que nos desconectamos de lo que nos dicen los demás. Eso nos impide tanto leer actitudes de quien nos puede perjudicar, como ayudar a quien necesita de nosotros.
  5. Buscar sin cesar nuevas ideas y formas de pensar. Nunca tenemos que perder la curiosidad que nos acompañaba en la niñez. Debemos seguir aprendiendo continuamente, y ampliar nuestros saberes y experiencias. Cuanto más sepamos, mejor podremos comprender al otro.
  6. Conservar la perspectiva. Cuando enfrentamos un proyecto, el autor recomienda verlo como a un bloque de mármol que debemos esculpir. Por lo general, será más grande y resistente que nosotros; pero con suficiente esfuerzo, podremos convertirlo en lo que necesitamos. No obstante, nunca debemos subestimar las dificultades que vamos a enfrentar. Solo con una actitud realista podremos tener la paciencia requerida para no abandonar nuestro proyecto, o para introducir cambios de ser necesario.
  7. Saber qué temas y actividades nos atraen por naturaleza. Es fundamental que conozcamos nuestras fortalezas y no pensemos que podemos triunfar en cualquier área. Además, debemos conocer bien nuestro nivel de energía, y hasta dónde podemos llegar sin poner en riesgo nuestra salud.
  8. Elegir cuidadosamente nuestros proyectos. Si sentimos que están por debajo de nuestro nivel o a la misma altura, nos vamos a aburrir y a desconcentrar. Si son muy ambiciosos, el temor al fracaso nos puede jugar en contra. Pero, si encontramos el punto justo para que un nuevo proyecto sea más estimulante que el anterior, nos vamos a sentir energizados y al llevar a cabo ese proyecto podremos emprender otros más desafiantes.
  9. Enfocar nuestra energía. Al concentrarnos en una tarea, podremos entrar en el estado que se conoce como “flow”, donde las ideas surgen en el momento menos esperado. Esa sensación se volverá placentera y adictiva, y nuestra concentración irá en aumento. Si no accedemos a ese estado es porque, según el autor, estamos realizando demasiadas tareas y eso nos impide enfocarnos.

  10. Darnos cuenta de que siempre podemos mejorar. La vida nos presenta permanentemente obstáculos y frustraciones de todo tipo. Aceptar y reconocer lo inesperado nos va a permitir invertir nuestra preciosa energía en extraer lo mejor de cada circunstancia, en lugar de perderla en quejas que no nos conducen a nada.

La clave final para aprovechar las leyes del comportamiento humano

Si hay algo que deja claro el libro de Greene es que, en un mundo donde todos estamos regidos por ciertas leyes de la naturaleza humana de las que no podemos escapar, la única manera de sobresalir es encontrar eso que todos también tenemos. Es decir, aquello que nos hace singulares; la combinación de habilidades y experiencia que nadie podrá imitar. Este es el poder supremo que los seres humanos estamos en condiciones de poseer.

Sin embargo, por lo general ese conocimiento —nos advierte el autor— no nos cae del cielo: aunque a algunos puede llegarles más rápido, o en un momento de inspiración, casi todos necesitamos de una introspección y un esfuerzo continuos para arribar a él.

Pero la recompensa de ese trabajo interno será que nos dará conciencia de qué es lo que podemos aportarle al mundo, y nos ayudará y mucho a cumplir nuestras metas, y a proponernos nuevas en cada etapa de nuestra vida. Como le pide Greene a sus lectores: “No te detengas en este proceso ascendente, no dejes de cobrar vuelo” 🙂.

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